lunes, 24 de julio de 2023

Capitulo 9: Promesa Cumplida

Continuando con la historia anterior, donde los heroes luchaban


La batalla en la ciudad continuaba en un caos total. Redmaster, desde la guarida, interrumpió la reunión con una urgencia.

—Perdón por interrumpir, pero recibo informes de un nuevo caos en la ciudad vecina.

El villano capturado en ese momento comenzó a reírse de forma siniestra.

—¡Pronto sufrirán las consecuencias! —exclamó con una sonrisa maliciosa.

Dimitric, furioso, lo agarró por el cuello y le exigió:

—¿Quién demonios te envió?

El villano, con una sonrisa enigmática, respondió:

—Lo sabrán a su debido tiempo.

De repente, el villano tomó el sable de Dimitric y, en un acto desesperado, se lo clavó en el pecho, suicidándose. La sorpresa y la furia inundaron a Dimitric y su equipo. Sin perder tiempo, se dirigieron al lugar del caos.

Al llegar, encontraron escombros por todas partes y ningún sobreviviente a la vista. Hang desapareció para buscar pistas en otras áreas. En ese momento, una explosión sacudió el lugar y Dominic gritó:

—¡Muchachos, cuidado!

Una gran multitud de centauros y hombres armados irrumpió en la escena. Dimitric, confundido y asombrado, decidió actuar. Corrió hacia los enemigos, ordenando a sus compañeros que lucharan. Con una agilidad impresionante, esquivó a los guerreros y, con movimientos rápidos y precisos, comenzó a derribar a sus atacantes.

Una turba de centauros lo rodeó, y uno de ellos le dijo con amenaza:

—¡Serás mi próxima cena!

Dimitric se zafó con esfuerzo y respondió con humor, a pesar de la gravedad de la situación:

—¡No creo tener buen sabor!

El centauro intentó atacar, pero Dimitric lo engañó con movimientos rápidos y le introdujo el sable en el abdomen.

—¡Hoy serás tú la comida de los pájaros!

Mientras Dimitric se limpiaba la sangre del rostro, notó que las otras criaturas se lanzaban sobre él. Con una sonrisa desafiante, se quedó parado, esperando. Finalmente, dio un salto y rompió las espadas de sus enemigos, pero fue alcanzado por una de ellas.

Dominic, al ver a su hermano en peligro, gritó:

—¡HERMANO!

Volando por los aires, Dominic llegó con gran poder y derribó a todos los enemigos alrededor de Dimitric. Lo llevó a un lugar seguro y, usando sus habilidades de sanación, colocó sus manos sobre la herida de Dimitric. La herida se curó completamente sin dejar cicatrices.

—¡Levántate! —ordenó Dominic.

Dimitric, agradecido pero urgente, respondió:

—Debemos volver para ayudar a los demás.

—Vamos, no perdamos tiempo —dijo Dominic.

Mientras tanto, Alisa luchaba con maleantes que peleaban junto a las criaturas y disparaban sin parar. Ella se cubría detrás de los escombros, tratando de encontrar una oportunidad. Finalmente, derribó a uno de los enemigos, pero las balas seguían lloviendo. Al darse cuenta de que se había quedado sin municiones, vio una caja de balas en el suelo junto a un cadáver de un agente policial. Sin embargo, no podía alcanzarla por la intensa lluvia de disparos.

Un villano se acercó sigilosamente, pero Alisa vio su reflejo en un charco de agua y lo atacó sorpresivamente. En ese instante, Hang apareció en su ayuda, manipulando las armas de los enemigos desde una distancia segura. Aprovechando la distracción, Alisa derribó a los enemigos desarmados.

Astrid, por su parte, fue rozada por una bala en el hombro. Con furia, disparó a un enemigo, atravesándole el cráneo con precisión mortal.

Dimitric y Dominic finalmente llegaron al lugar de la batalla y encontraron a los demás luchando con todas sus fuerzas. Dominic le dijo a su hermano:

—Vamos, no perdamos tiempo y acabemos con todo esto.

Con velocidad, Dimitric se dirigió hacia Emylee, que estaba agotada y cuya transformación de diosa estaba desvaneciéndose. Dimitric la encontró de rodillas, a punto de ser golpeada por un enemigo. Con rapidez, le atravesó el sable al atacante desde la espalda de Emylee.

—¿Te encuentras bien? —preguntó Dimitric.

—¡Sí! —respondió Emylee, y Dimitric la llevó a un lugar seguro para que se recuperara.

Dominic se enfrentó a varios enemigos y, con la ayuda de Hang y Alisa, lograron reducir el número de atacantes.

Entre la batalla, Dimitric vio una sombra en la azotea de un edificio. Le dijo a su hermano:

—¿Viste eso?

Informó a Hang para que investigara, y Hang se teletransportó a la azotea. No encontró a nadie, pero halló un pedazo de tela con una imagen de un fénix. Regresó al cuartel de mando con la evidencia.

Redmaster examinó la tela con interés, tratando de descifrar su significado.

En medio de la pelea, Astrid, al quedarse sin municiones, se encontró con un enemigo que la amenazaba con una M4.

—¡Llévame hacia tu líder o morirás aquí! —exigió el villano.

Emylee llegó de repente y, con un golpe certero, mató al villano de un solo golpe.

Hang volvió a la escena y ayudó a Alisa, mientras Dimitric y Dominic continuaban luchando juntos, reduciendo el número de enemigos.

Al final de la batalla, uno de los enemigos caídos se levantó y disparó hacia los héroes, hiriendo a Alisa en el brazo izquierdo. Dimitric, al ver lo que había sucedido, gritó el nombre de Alisa y, con furia, lanzó su sable al villano, clavándoselo en el pecho. El enemigo herido se desplomó, pero antes de desmayarse, lanzó una última amenaza:

—¡Pronto verán levantarse de sus cenizas a su peor pesadilla!

Dominic, al notar la frustración en el rostro de Dimitric, le dijo:

—Tarado, cambia esa cara. Otro día sabrás quién está detrás de todo esto. Ahora es hora de marcharse.

Astrid, curiosa, preguntó:

—¿Por qué te vas? ¿Qué clase de ángel eres?

Dominic miró a Dimitric y respondió:

—No puedo quedarme mucho tiempo. Soy un ángel de la justicia, y también su protector.

Dimitric levantó la mirada y preguntó:

—¿Por qué?

Dominic comenzó a recordar su niñez:

Recordó una tarde en el patio de su casa, jugando al fútbol con su padre. Dimitric tropezó y se lastimó, llorando. Mientras su madre respondía una llamada telefónica con expresión preocupada, le dijo a su padre:

—Debemos irnos. Tenemos el presentimiento de que nunca volveremos a ver a nuestros hijos.

Se volvió hacia Dominic y le dijo:

—Cuida de tu hermano pequeño.

Dominic, con una sonrisa, respondió:

—Los esperaremos, padres.

Cinco días después, un golpe en la puerta reveló a su abuelo. Dominic, con lágrimas en los ojos, lo vio y preguntó:

—¿Dónde está mi hermano?

El abuelo, abrazándolo, respondió:

—Tu hermano está dormido. Nuestros padres ahora nos cuidan desde el cielo.

Dominic, devastado, aceptó la realidad con lágrimas mientras Dimitric despertaba, feliz de ver a su abuelo. Preguntó con preocupación:

—¿Qué pasa, abuelo?

El abuelo también lo abrazó, consolándolo.

Durante el funeral, Dimitric y Dominic estaban junto a los ataúdes de sus padres. Dominic, con una promesa solemnemente pronunciada, dijo:

—Padre, madre, les prometo cuidar de mi hermanito. Nunca me separaré de él. Si muero, vendré del más allá para protegerlo.

Con estas palabras, abrazó a Dimitric con firmeza. Dimitric, conmovido, respondió:

—Nunca lo olvidaré, hermano.

Dominic le dijo:

—Siempre estaré para cuando me necesites. Solo tienes que decir mi nombre.

En ese momento, Dominic desapareció. Dimitric, con lágrimas en los ojos, dijo:

—Hasta luego, hermano.

domingo, 23 de julio de 2023

Capitulo 8: "El Ascenso del Ángel Justiciero"

Cuando Dominic murió, su conciencia se desvaneció en un vacío eterno, hasta que de repente, sus ojos se abrieron y se encontró en un lugar desconocido, lleno de nubes etéreas que se extendían hasta el horizonte. Miró a su alrededor, confundido, y se preguntó en voz alta:

—¿Dónde estoy...? ¿Estoy muerto?

Mientras la pregunta resonaba en el aire, escuchó una voz suave pero poderosa que lo llamaba desde algún lugar distante. Volteó en todas direcciones, pero no pudo ver a nadie. De repente, una figura apareció frente a él: una mujer de piel blanca como la nieve, con cabello largo y una mirada tan penetrante que parecía hipnotizarlo. Su presencia irradiaba una calma celestial.

Dominic, sin poder ocultar su asombro, le preguntó:

—¿Quién eres tú?

La mujer respondió con voz serena:

—No te he traído a este lugar para que hablemos. Mi nombre es Themis, Diosa de la Justicia. He observado a ti y a tu hermano durante mucho tiempo y he visto el gran interés que tienen en ayudar a los demás. Por eso, te he elegido para que sigas mi voluntad. Ven hacia mí, y te daré una fuerza acorde para enfrentar el mal que asola la tierra. Si lo logras, te convertirás en el ángel que guiará a todos los demás. ¿Estás de acuerdo con esta misión?

Dominic se quedó pensativo por un momento, sopesando la oferta. Finalmente, dijo:

—Sí, estoy de acuerdo con todo, pero con una condición.

Themis, intrigada, preguntó:

—¿Cuál es tu condición?

Dominic respondió con determinación:

—Que me permitas reunirme con mi hermano.

Themis, comprensiva y con un propósito propio en mente, aceptó:

—Ahora ven, acércate.

Dominic se acercó y sintió una cálida energía envolverlo cuando Themis colocó su mano en su cabeza. Mientras la sensación de calidez se extendía por su cuerpo, Dominic observó maravillado cómo sus alas empezaban a formarse. Mirando con sorpresa, exclamó:

—Oh rayos, pero ¿qué es esto? ¡Me han salido alas!

Themis sonrió y dijo:

—He terminado. Ahora, voltea y mira hacia atrás.

Dominic giró lentamente y quedó en shock al ver a sus padres acercándose. Con lágrimas en los ojos, sus padres lo abrazaron con ternura. Su padre, con una expresión de arrepentimiento, dijo:

—Discúlpame, hijo. Sé que han sufrido mucho por nuestra muerte.

Dominic respondió con emoción:

—Estoy tan feliz de verlos. Los amo demasiado.

Su madre, con voz suave, agregó:

—Nosotros también te amamos. No estaremos aquí por mucho tiempo, pero agradecemos a la diosa Themis por permitirnos ver a uno de nuestros hijos una última vez.

Su padre, con un tono de esperanza, añadió:

—Anda, ve y protege a tu hermano.

Dominic extendió sus alas con determinación y miró hacia abajo, hacia el mundo que lo esperaba. Dijo con firmeza:

—Gracias, madre y padre, por brindarme esta oportunidad. Estoy listo para acabar con el mal que se apodera de la tierra y proteger a mi hermano menor.

Themis, antes de que Dominic partiera, le dio una última instrucción:

—Te diré dos cosas: primero, tienes la habilidad de sanar heridas, pero solo podrás hacerlo con una persona. Segundo, entrégale este collar a una de mis descendientes que lucha junto a tu hermano. Este collar tiene un propósito especial que te explicaré ahora.

Dominic asintió con comprensión y se despidió de sus padres:

—Lo tengo entendido. Me voy.

Con un batir majestuoso de sus alas, Dominic descendió del reino celestial y se dirigió de nuevo a la tierra, preparado para cumplir su misión como el ángel justiciero.

Capítulo 7: El Resurgimiento de un Ángel

8 años después….

Dimitric sentado en su oficina observa la foto donde él y su hermano están juntos con lágrimas en sus ojos se acuerda de aquel incidente en ese instante escucha una llamada de emergencia alertando que unas extrañas criaturas estaban invadiendo la ciudad y destruyendo todo a su paso, saliendo rápidamente los héroes de la base, al rato de ellos llegar vieron todo destruido, en ese instante fueron sorprendido por un lobo humanoide  que estuvo escondido esperándolos siendo golpeado Hang, entre lucha y lucha la criatura aprovecho una brecha para escapar dejando a sus secuaces pelear, a dos cuadras fue sorprendido por un personaje desconocido con apariencia de ángel dándole un golpe fulminante, Dimitric y su equipo llegan al lugar, Dimitric tenía tanta curiosidad de saber quién era esa persona, que se acerca y le pregunta si ha venido a ayudarlos… esa luz con apariencia de ángel desaparece… todos se preguntaban quién era esa persona ya que nunca habían visto algo semejante… después de haber derrotado a todas esas criatura se dirigen a la base, redmaster comienza a investigar revisando las cámaras que habían cerca del lugar pero no logro distinguirlo ya que el ángel cada vez que se acercaba a una cámara desprendía una intensa luz que no dejaba distinguir al personaje …

 

Pasaban los días y con toda las tecnologías que tenían a manos no lograban dar con la identidad del ángel, alrededor del mediodía suena la alarma y el comandante de la policía el señor Stanly se comunica personalmente con ellos porque hubo una motín en una cárcel donde hubieron muchas muertes y muchos criminales escapando, los héroes se dirigieron al lugar, al llegar los héroes comenzaron a luchar cayendo los delincuentes uno por uno, pero uno les dio problema porque tenía secuestrado a uno de los policías y fue ahí cuando apareció esa extraña luz de nuevo y comenzó a luchar alejándolo del sitio  y parte del equipo los siguió y vieron que ese personaje lo tenía dominado, le dio un golpe final… y Dimitric le pregunta quién era y que buscaba, aquí es cuando el ángel decide acercarse él fija la mirada  hacia ellos… y  ahí es cuando Dimitric se da cuenta de su identidad y se tira de rodillas al darse cuenta que era nada más y nada menos que su hermano… bajando la mirada  con lágrimas en los ojos, Dominic terminándose de acercar le pone las manos sobre sus hombros le dice que se levante y secara las lágrimas…Dimitric le pregunta ¿cómo has resucitado?... y Dominic le responde con una sonrisa en su rostro… es una historia larga luego te la cuento y fija su mirada hacia los demás compañeros de Dimitric y él le pregunta …quienes son ellos? Dimitric le responde: hermano ellos son mí equipo los junte para formar un escuadrón de superdotados, para detener el caos que se está apoderando de esta ciudad...

Dominic mira a Emy lee y dice…--- ¿eres tú Emylee? Y ella contesta ¿sí, como me conoces? se acerca a ella, toma su mano suavemente y le explica: "Emylee, eres descendiente de la poderosa Diosa Themis, encargada de la justicia y la equidad. Ella ha visto algo especial en ti y ha decidido brindarte sus bendiciones y poderes".

Emylee, todavía sorprendida por la transformación que ha experimentado, busca respuestas. "¿Qué significa esto? ¿Qué poderes tengo ahora?", pregunta con curiosidad. Dominic sonríe y responde: "Tu transformación es solo el comienzo de tus dones. Con el collar y tus nuevos poderes, tendrás la capacidad de percibir la verdad en los corazones de las personas, de discernir la justicia en situaciones complicadas y de hacer valer el equilibrio en un mundo desequilibrado".

Emylee asimila esta información y siente un profundo sentido de responsabilidad. "¿Qué debo hacer ahora?", pregunta con determinación. Dominic la mira con orgullo y dice: "Debes abrazar tus dones y usarlos para el bien. Como descendiente de Themis, tienes el deber de proteger la justicia y luchar por la igualdad.

sábado, 22 de julio de 2023

Capitulo 6: Emylee

Una tarde soleada, Emylee salió de la universidad, despidiéndose de sus amigas. Mientras caminaba sola, sin darse cuenta de que la seguían, llegó a un lugar apartado y solitario. Al girarse para mirar hacia atrás, no vio a nadie, pero una sensación de incomodidad la invadió. Avanzó unos pasos más, y en una esquina, cuatro hombres la emboscaron.

Uno de ellos, sin previo aviso, le tocó los senos. Emylee, aterrorizada, le dio una bofetada en la cara y, con todas sus fuerzas, intentó escapar corriendo. Gritaba pidiendo ayuda, pero los acosadores la alcanzaron y la arrastraron a un callejón oscuro.

En ese momento, Dimitric, que caminaba tranquilamente por la calle, escuchó los gritos de una chica pidiendo ayuda. Sin dudarlo, se dirigió rápidamente hacia el lugar. Al llegar, vio a los cuatro hombres intentando quitarle la ropa a Emylee. Con firmeza, Dimitric dijo:

—¡Hey, suelten a la chica!

Uno de los acosadores lo miró con desprecio, sacó una pistola y le respondió:

—¿Quién te crees que eres? ¡Lárgate de aquí si no quieres que te mate!

Mientras tanto, Emylee seguía pidiendo ayuda. El hombre que estaba sobre ella le dio una bofetada en la cara, y ella se desmayó de dolor y miedo. Dimitric, viendo lo que había pasado, se enojó y corrió hacia ellos.

Los acosadores comenzaron a disparar, pero Dimitric, con una agilidad sorprendente, esquivó las balas con su sable. Se acercó a uno de los hombres, le desprendió la mano que sostenía la pistola y luego usó una técnica que había aprendido de su sensei para destruir las armas de los villanos. Con determinación, dijo:

—Si los vuelvo a ver por aquí haciendo lo mismo, no les perdonaré la vida.

Los villanos, temblando de miedo, huyeron corriendo.

Dimitric se acercó a Emylee, que yacía en el suelo. La trató con cuidado y trató de reanimarla. Finalmente, ella despertó, asustada, y Dimitric le dijo con calma:

—No te asustes. He ahuyentado a los que te estaban haciendo daño. Te llevaré al hospital. ¿Tienes familiares en la ciudad?

Emylee, todavía aturdida, respondió:

—No, no tengo.

Dimitric la llevó al hospital y esperó con ella durante varios días hasta que se recuperó. El último día de su recuperación, Dimitric se despidió de Emylee y le entregó una tarjeta con un número.

—Aquí tienes mi número. Si necesitas hablar o si alguna vez te ocurre algo así de nuevo, no dudes en llamarme.

Emylee, con lágrimas de gratitud en los ojos, lo abrazó y le agradeció sinceramente.

Una tarde, cuando Emylee regresó cansada de la universidad, se tumbó en el sofá de su apartamento y se quedó dormida. En su sueño, revivió el terrible incidente, despertándose asustada. Miró la tarjeta que Dimitric le había dado y decidió llamarlo.

Con el corazón acelerado, Emylee marcó el número. Cuando Dimitric contestó, ella dijo con nerviosismo:

—Hola, ¿es Dimitric?

—Sí, soy yo. ¿Emylee, verdad? —respondió Dimitric con una voz tranquila pero amigable.

—Sí, soy yo. Quería agradecerte de nuevo por lo que hiciste aquel día. Realmente no sé cómo podría haberme enfrentado a esos hombres si no hubieras aparecido —confesó Emylee, con sinceridad.

—No tienes que agradecerme, Emylee. Fue lo correcto hacerlo. Me alegra que estés bien. ¿Cómo te sientes ahora? —preguntó Dimitric, preocupado por su bienestar.

—Me estoy recuperando, gracias a ti. Pero tengo que admitir que ha sido difícil olvidar lo que pasó, y esta tarde tuve un recuerdo muy vívido del incidente —comentó Emylee, sintiéndose cómoda abriéndose con él.

—Entiendo que pueda ser difícil superar algo así. A veces, los eventos traumáticos pueden perseguirnos por un tiempo. Si necesitas hablar o simplemente que alguien te escuche, estoy aquí para ti —respondió Dimitric con empatía.

Emylee sintió que podía confiar en él, y eso le brindó consuelo. Hablaban por teléfono con frecuencia, compartiendo sus experiencias y intereses. Dimitric le contó sobre su formación en artes marciales y su habilidad con el sable.

Con el tiempo, la conversación se volvió más ligera, y ambos comenzaron a reír y disfrutar de la compañía del otro. A medida que pasaban los días, su amistad se fortaleció. Emylee empezó a sentirse más fuerte emocionalmente con el apoyo de Dimitric, superando el miedo que había quedado después del incidente.

Un día, Dimitric le mencionó que era el líder de una unidad de élite que combatía el mal. Emylee, fascinada, le preguntó si podía visitar la unidad algún día. Dimitric, sonriendo, aceptó y pidió el número de Emylee para enviarle la ubicación de la unidad.

La semana siguiente, Emylee se dirigió al lugar donde se encontraba Dimitric. Al llegar, vio a los miembros del equipo reunidos en una sala de recreación. Dimitric la vio y la invitó a acercarse.

—Quiero presentarte a los chicos. Cada uno de ellos tiene cualidades especiales —dijo Dimitric con orgullo.

Emylee, algo tímida, expresó su deseo de unirse a la unidad, aunque admitió que no tenía ninguna habilidad especial pero quería aprender de quien la había salvado. Dimitric, con una sonrisa, accedió y le pidió a Alisa que fuera su tutora.

Alisa, un poco sorprendida, se quejó:

—¿Por qué yo? No cuido bichos.

Dimitric, con firmeza, respondió:

—Acabo de darte una orden.

Alisa, con una expresión de aburrimiento, dijo:

—Está bien, andando, niña.

Hang, que había estado observando, se rió de la situación. Alisa, con una sonrisa traviesa, sacó un arma y apuntó a Hang, preguntando:

—¿Quieres morir hoy?

Hang, sorprendido, desapareció y reapareció al lado de Dimitric, diciendo con tono jocoso:

—Hoy no.

Emylee se sintió aliviada y emocionada por su nueva oportunidad. La unidad de élite había comenzado a aceptarla, y estaba lista para aprender y crecer en ese entorno tan diferente al que había conocido hasta ahora.

Hasta aqui la historia  de como se conocieron los miembros del escuadron de elite llamados Blood Of Fire

Capitulo 5: Alisa Izumi – Princesa del país Green Forest

La historia de Alisa es un poco curiosa, porque ella proviene siglo XV. Y su pequeña historia inicia de esta manera...

La escena comienza en un campo de batalla al anochecer, donde el cielo está cubierto de nubes oscuras. Alisa Izumi, la valiente Princesa del País Green Forest, se encuentra en un duelo intenso con su antiguo amado, Alvar. Ambos sostienen espadas, el brillo de las hojas reflejando la luz de la luna.

—No aceptaré que un traidor como tú me derrote —dice Alisa, con una expresión de determinación en su rostro mientras esquiva un ataque de Alvar. Sonríe, a pesar de la tensión del momento.

—Borraré esa sonrisa de tu rostro. No me importa si tengo que matarte para hacerlo —responde Alvar con frialdad.

—Tu cumplimiento no será posible si yo te mando al otro mundo primero… —Alisa continúa, el dolor en sus ojos evidenciado por la tristeza en sus palabras—. ¿No te arrepientes, Alvar?

—Me conoces muy bien y sabes que no me arrepiento de nada —contesta él, su voz llena de desdén.

—Lamento mucho que un infame como tú me traicionara de esta manera —dice Alisa, con la voz quebrada por el dolor.

Alvar, con los ojos brillosos, añade:

—Extraño lo terca que eres, mi lady, pero hoy será tu fin. Tus hombres ya fueron derrotados y estás rodeada.

Levanta su espada del suelo y se lanza hacia ella. Alisa se prepara y esquiva su ataque, quedando ambos con las espadas cruzadas. Él la mira fijamente y dice:

—Hoy será el día en el que me convierta en un dios. Lamento que no me acompañaras.

Alvar fija su mirada en el collar de Alisa, que cuelga de su cuello. Es el último componente del reloj de arena, un artefacto antiguo y poderoso. Alisa, dándose cuenta de lo que está en juego, se aleja rápidamente. Alvar, furioso, se lanza nuevamente hacia ella, pero ella logra esquivarlo, a punto de quedarse sin fuerzas.

—¿Pero qué estupideces estás diciendo? —le pregunta Alisa, mientras observa su collar y comprende la verdad—. Así que todo esto se trataba de obtener la última pieza del reloj de arena que mi familia, junto a otros guardianes, ha protegido durante décadas.

Ambos se miran fijamente. Alisa, con tristeza, dice:

—Una vez llegué a amarte…

Gritando con ira, Alvar responde:

—¡Ya basta de hablar! ¡Haré que ardas en el fuego del infierno!

En ese instante, comienza a llover intensamente. Alisa baja sus manos y levanta la mirada al cielo.

—Ahora eres mi enemigo, pero nunca podré odiarte —dice ella, mirando a Alvar con un dolor profundo en su corazón. Cierra los ojos lentamente, aceptando su destino.

Alvar, en un arrebato de furia, grita:

—¡Cállate! ¡Cierra la maldita boca y muere de una vez!

Alisa, con el poco poder que le queda, se lanza hacia él y comienza una última batalla. Después de un intenso enfrentamiento, Alvar logra derribarla. Ella queda en el suelo, exhausta, mientras él se acerca lentamente para arrancarle el collar.

Cuando Alvar agarra el collar, una piedra en él comienza a brillar intensamente. Alvar, sorprendido, pregunta:

—¿Qué está pasando? ¿Por qué brilla?

Alisa, débil y a punto de desmayarse, responde:

—Cuando las piezas del reloj están en manos de un extraño, empiezan a emitir un destello de luz, alterando el espacio/tiempo, sin control.

La luz se expande rápidamente, envolviendo a ambos en un resplandor cegador. Ambos desaparecen en la intensidad del brillo.


En medio de una oscuridad profunda, el cuerpo de Alisa flota en un estado de inconsciencia, envuelto en una aura roja. Mientras flota en la inmensidad del espacio-tiempo, empieza a recordar los últimos momentos de la pelea con Alvar.

De repente, abre los ojos y se da cuenta de que ha vuelto a vivir sus días de cuando tenía 15 años. Está en el dormitorio de su castillo, junto a su padre, el Rey de Green Forest, quien yace en una cama moribunda rodeado por otros guardianes, preparándose para el ritual de traspaso de poder.

El rey, con una voz débil, le cuenta a Alisa la historia de por qué se convirtieron en guardianes del reloj de arena. Tras contar la historia, toma la mano de Alisa y le dice:

—Hija mía, lo siento mucho. Estoy a punto de morir. Eres una mujer de carácter fuerte, y eso me gusta. No confío en nadie más que no seas tú para proteger el collar, y por eso te he elegido para ser la guardiana de este artilugio.

Los guardianes, al escuchar la instrucción, se agrupan alrededor y comienzan el ritual de traspaso. Alisa se coloca el collar y dice con determinación:

—Padre, lo protegeré con mi vida.

Todo se vuelve oscuro y cuando Alisa vuelve a abrir los ojos, se encuentra en un lugar desconocido para ella: un hospital moderno. A su lado está Hang, quien la observa con curiosidad.

—¿Dónde estoy? ¿Quién eres tú? —pregunta Alisa, con voz débil.

Hang se presenta y le explica:

—Me llamo Hang Rayner, y soy conocido como el misterioso teleportador. Miembro importante de un equipo de élite. Estaba caminando por las calles de la ciudad cuando sentí una extraña y poderosa energía en el ambiente. Una luz roja brillante provenía de un parque. Al acercarme, te encontré moribunda, flotando en un estado inerte y rodeada de una extraña aura roja. Te recogí y te traje a este hospital.

—¿Tienes idea de lo que sucedió y cómo llegaste a estar en ese estado? —pregunta Hang con curiosidad.

Alisa, aún confundida, comparte la historia de su lucha contra Alvar y cómo la situación la llevó hasta ese punto.

Intrigada por la historia y por la habilidad de Hang para desvanecerse y aparecer en cualquier lugar, Alisa comienza a adaptarse a la vida en el siglo XXI. A pesar de extrañar su época y a su tribu, encuentra en el equipo de Hang una nueva familia y un propósito más grande.

Con el tiempo, Alisa se convierte en una valiosa integrante del equipo, mostrando coraje y fuerza en cada batalla. Junto a Hang y los demás miembros, lucha incansablemente para proteger a los inocentes y mantener el equilibrio entre el bien y el mal, mientras busca respuestas sobre cómo su vida ha cambiado y cómo puede volver a su época.

Capítulo 4: "La Guerrera de la Tribu" - Astrid Ellis

Antes de enterarse de los rumores sobre "La Guerrera de la Tribu - Astrid Ellis", Dimitric, Hang y Erick Blake estaban inmersos en una misión crítica para detener a un grupo de mercenarios que amenazaban a una aldea cercana.

El equipo se había dividido para cubrir más terreno. Dimitric, con su sable en mano, avanzaba con sigilo entre los árboles del bosque, buscando cualquier señal de los mercenarios. Hang, utilizando su habilidad para teletransportarse, observaba desde lo alto, manteniendo una vista panorámica de la zona.

Mientras tanto, Erick había establecido una base de operaciones en una cueva cercana, equipada con sus avanzados sistemas de rastreo y vigilancia cibernética. Desde allí, monitorizaba las comunicaciones y movimientos de los mercenarios, proporcionando información vital al equipo.

El plan de Dimitric era emboscar a los mercenarios cuando se acercaran a la aldea. Sabían que el tiempo era esencial, pues los aldeanos estaban en grave peligro. La tensión y la expectativa se hacían palpables mientras esperaban el momento adecuado para atacar.

En medio de la misión, Dimitric no podía dejar de pensar en los rumores sobre Astrid Ellis, la famosa "Guerrera de la Tribu". Aunque su mente estaba enfocada en la misión, sentía una creciente curiosidad por esta guerrera legendaria. Sus habilidades y valentía habían alcanzado una fama que parecía más mito que realidad.

Hang, aprovechando un breve respiro en la vigilancia, le preguntó a Dimitric sobre los rumores de Astrid.

—He escuchado que es una guerrera formidable, conocida por su destreza en el combate y su lealtad inquebrantable a su tribu. Sin embargo, también sé que su lealtad podría ser un obstáculo —explicó Dimitric, su tono revelando una mezcla de admiración y preocupación.

Hang asintió, comprendiendo que convencer a Astrid para que se uniera a su equipo no sería fácil. A pesar de eso, creía que si podían mostrarle que su misión iba más allá de proteger una aldea y que buscaban proteger a todos los indefensos, podría considerar unirse.

—Si le mostramos que estamos luchando por un propósito más grande, tal vez esté dispuesta a unirse —dijo Hang con optimismo.

Dimitric estuvo de acuerdo, y ambos se centraron en la misión, dejando de lado los pensamientos sobre Astrid por el momento.

Finalmente, los mercenarios aparecieron a lo lejos, avanzando hacia la aldea con intenciones hostiles. Dimitric dio la señal a su equipo y se prepararon para el ataque. La adrenalina llenó el aire mientras se enfrentaban a los mercenarios en una feroz batalla.

Hang utilizaba su habilidad para teletransportarse para confundir a los mercenarios, apareciendo y desapareciendo a su alrededor, dando ventaja a Dimitric en el combate cuerpo a cuerpo. Mientras tanto, Erick proporcionaba apoyo estratégico desde su base, alertando al equipo sobre los movimientos de los mercenarios.

La batalla fue dura, pero el equipo luchó con valentía, protegiendo a los aldeanos y enfrentando la amenaza con habilidad y determinación. Finalmente, lograron repeler a los mercenarios, salvando a la aldea de una grave amenaza.

Exhaustos pero satisfechos, el equipo se reunió para evaluar la situación. Erick, con su sistema de rastreo aún en funcionamiento, les informó que había detectado nuevos rumores sobre Astrid. Al parecer, se la había visto cerca de una zona montañosa, defendiendo a un grupo de aldeanos de un ataque de bandidos.

Dimitric supo que era el momento perfecto para buscar a Astrid y convencerla de unirse a su equipo. Junto con Hang y Erick, se dirigieron hacia la zona montañosa.

Al llegar, Dimitric vio a Astrid en acción. Su destreza en el combate era impresionante, y su dedicación a proteger a los inocentes era evidente en cada movimiento. La forma en que enfrentaba a los bandidos con una habilidad casi sobrenatural dejó a Dimitric y al equipo sin aliento.

Dimitric se acercó a ella con respeto y admiración. Le habló sobre la misión de su equipo y cómo estaban luchando por proteger a todos aquellos que no podían defenderse por sí mismos. Explicó cómo su unión podría hacer una diferencia aún mayor y cómo su valentía y habilidades serían invaluables para el equipo.

Astrid, con ojos llenos de determinación, escuchó atentamente. A pesar de su resistencia inicial, algo en las palabras de Dimitric y en su sinceridad la intrigaba.

—Mi tribu siempre ha sido mi prioridad, pero… tal vez pueda hacer una diferencia mayor uniéndome a tu equipo —dijo Astrid, mostrando un atisbo de esperanza.

Dimitric sonrió, sintiendo que estaban dando un paso importante en su relación.

—Estoy seguro de que tu valentía y habilidades serán una adición invaluable para nuestro equipo. Juntos, podemos proteger a más personas y luchar por la justicia a un nivel más amplio —dijo Dimitric con emoción.

Astrid asintió, aceptando la oferta de unirse al equipo. A medida que el equipo enfrentaba nuevos desafíos y peligros, el vínculo entre Dimitric y Astrid creció. Aprendieron a confiar el uno en el otro tanto en el campo de batalla como en su vida personal. Su relación se fortaleció con cada victoria y cada obstáculo superado juntos, mientras luchaban por un mundo más justo y seguro

Capítulo 3: "El Genio Cibernético" - Erick Blake (Red Master)

Dimitric y Hang habían pasado varios días investigando una serie de ciberataques que estaban sacudiendo la ciudad. Se habían enfrentado a hackers hábiles y elusivos, pero pronto se dieron cuenta de que necesitaban ayuda adicional para detener la creciente ola de crímenes cibernéticos. Fue entonces cuando escucharon rumores sobre un brillante ingeniero en robótica conocido como Erick Blake, apodado "Red Master".

Mientras Dimitric y Hang se preparaban para buscar a Erick, estaban ocupados investigando la última red de hackers que habían rastreado. Su búsqueda los llevó a las profundidades del distrito industrial de la ciudad, un área dominada por rascacielos metálicos y fábricas de tecnología de vanguardia.

Se movían sigilosamente por los oscuros callejones, conscientes de que la seguridad de la instalación que estaban observando era alta. Pronto se encontraron con un grupo de matones tecnológicos, claramente allí para proteger algo valioso.

—Parece que hemos encontrado el lugar correcto —susurró Hang, preparándose para un posible enfrentamiento.

Dimitric asintió, evaluando la situación. Enfrentarse directamente a los matones sería arriesgado, pero necesitaban información sobre los ciberataques para avanzar en su misión.

Decidieron acercarse desde dos direcciones distintas. Hang, utilizando sus habilidades de teletransportación, se movió entre las sombras con agilidad. Dimitric, por su parte, se acercó sigilosamente, utilizando su experiencia en combate para evitar ser detectado.

De repente, una voz distorsionada resonó desde lo alto de uno de los rascacielos cercanos, amplificada por altavoces distribuidos por la ciudad.

—Dimitric, Hang Rayner, los he estado observando. Parece que están interesados en lo que protegemos aquí.

Ambos se detuvieron, sorprendidos y alertas. La seguridad en el área se intensificó, y los matones se prepararon para lo que fuera que se avecinaba.

—¿Quién eres? —preguntó Dimitric, tratando de ubicar al intruso.

—Eso no importa por ahora —respondió la voz—. Solo sé que están buscando a Erick Blake, y estoy dispuesto a dárselos. Pero antes, deben demostrar que son dignos de su ayuda.

La voz, en lugar de desmoralizarlos, avivó la determinación de Dimitric y Hang. No podían permitir que esta oportunidad se les escapara.

—Demuestra lo que tienes —dijo Hang, preparándose para enfrentar cualquier desafío.

La voz los desafió a superar una serie de pruebas diseñadas para poner a prueba sus habilidades y conocimientos. Dimitric y Hang trabajaron en sincronía, combinando sus habilidades para superar cada obstáculo en el intrincado sistema de seguridad.

Después de una serie de pruebas agotadoras y peligrosas, la voz finalmente se reveló como Erick Blake, el enigmático "Red Master".

—Han demostrado ser competentes y comprometidos con la causa —dijo Erick con un tono de aprobación—. Los ciberataques son un problema que no puedo ignorar. Los ayudaré en su misión.

Dimitric y Hang respiraron aliviados al encontrar a Erick y ver su disposición a colaborar. Con la incorporación de Erick al equipo, el grupo ahora contaba con un genio cibernético capaz de rastrear y neutralizar a los ciberdelincuentes con tecnología avanzada.

Erick, entusiasmado por la oportunidad, se unió al equipo con gran fervor. Juntos, descubrieron que los ciberataques eran solo una pieza de un plan más amplio y siniestro que amenazaba la estabilidad de la ciudad.

La alianza entre Dimitric, Hang y Erick se fortaleció con cada misión que emprendieron. Con la inteligencia cibernética de Erick, la habilidad en combate de Dimitric y la capacidad de teletransportación de Hang, formaron un equipo formidable.

Sin embargo, mientras profundizaban en su lucha contra los criminales cibernéticos, comenzaron a enfrentarse a un enemigo oculto que parecía conocer cada uno de sus movimientos. Esta figura siniestra se manifestaba en las sombras, amenazando con desmantelar todo lo que habían trabajado para proteger. La misión se volvía cada vez más peligrosa, y el equipo enfrentaba desafíos que nunca habían imaginado.

Con cada paso que daban, Dimitric, Hang y Erick se dieron cuenta de que estaban inmersos en una lucha que iba más allá de los ciberataques. Era una batalla por la justicia, la libertad y la supervivencia misma de la ciudad.

Capítulo 2: "El Misterioso Teleportador" - Hang Rayner

Dimitric estaba decidido a formar un equipo de valientes guerreros para enfrentar las crecientes amenazas que acechaban su mundo. Pero antes de conocer a los demás miembros de su equipo, una historia interesante se desarrolló con el reclutamiento del primero: el misterioso hombre capaz de teletransportarse, Hang Rayner.

Un día, mientras Dimitric exploraba una pequeña aldea remota, ayudando a los aldeanos a reconstruir sus hogares después de un ataque de bandidos, escuchó rumores sobre un hombre con habilidades extraordinarias. Se decía que este misterioso hombre, Hang Rayner, tenía la capacidad de teletransportarse a voluntad. Los aldeanos hablaban con admiración y asombro sobre su poder, pero también con cierta reserva debido a la naturaleza enigmática de Hang.

Intrigado por las historias que escuchó, Dimitric decidió que encontrar al misterioso teletransportador podría ser una oportunidad para reclutar a alguien con habilidades únicas para su equipo. Sin embargo, los rumores sobre Hang eran vagos, y nadie parecía saber con certeza dónde encontrarlo.

Decidió quedarse en la aldea por un tiempo, ofreciendo su ayuda para reconstruir y proteger a los aldeanos. Mientras tanto, también hizo preguntas discretas sobre Hang, esperando obtener más información que lo llevara a su paradero.

Una noche, mientras estaba de guardia en el perímetro de la aldea, escuchó a dos aldeanos susurrando sobre un hombre misterioso que había sido visto en diferentes lugares, apareciendo y desapareciendo de la nada. Su corazón se aceleró al darse cuenta de que podría estar cerca de encontrar a Hang.

Decidido a seguir cualquier pista, Dimitric siguió a los aldeanos en secreto, guiándose por las sombras y las luces titilantes de las antorchas. Finalmente, llegaron a la entrada de una taberna decadente y discreta.

Los aldeanos se despidieron, dejando a Dimitric solo con su decisión. Inhaló profundamente, preparándose para entrar. Al cruzar el umbral, notó de inmediato la atmósfera cargada de misterio que rodeaba el lugar.

Fue entonces cuando lo vio: una figura enigmática, moviéndose entre las sombras del rincón más oscuro de la taberna. Su instinto le dijo que era Hang. Con cautela y respeto, se acercó a él, sin querer asustarlo o amenazarlo con su presencia.

—Hola, Hang. Mi nombre es Dimitric —se presentó con calma, mostrando una sonrisa amigable.

Hang levantó la mirada hacia él, sus ojos oscuros llenos de melancolía y cautela. Dimitric pudo sentir la resistencia en su aura, pero no se dejó intimidar.

—He oído hablar de tus habilidades extraordinarias —dijo Dimitric con sinceridad—. Creo que podrías ser una adición valiosa a mi equipo. Luchamos por proteger a los inocentes y enfrentar a aquellos que hacen daño a los demás.

Hang pareció dudar por un momento, pero Dimitric continuó hablando, compartiendo su propia historia de pérdida y búsqueda de justicia. Explicó cómo había perdido a su hermano Dominic y cómo esa tragedia lo había llevado a embarcarse en un camino para honrar su memoria.

—Sé lo que es sentirse solo y perdido —dijo Dimitric con empatía—. Pero también he aprendido que podemos encontrar un propósito más grande cuando unimos nuestras habilidades y fortalezas.

Hang permaneció en silencio, pero Dimitric pudo ver la lucha interna en su mirada. Sin embargo, no lo presionó. En cambio, le dio tiempo para considerar su oferta y lo invitó a hablar cuando estuviera listo.

Con el tiempo, Hang comenzó a abrirse sobre su pasado y las dificultades que había enfrentado debido a su poder de teletransportación. Contó cómo su habilidad lo había hecho una figura peligrosa incluso para sus compañeros militares, lo que le llevó a retirarse de su antiguo equipo.

Dimitric comprendió sus temores y le ofreció su apoyo y comprensión. Le aseguró que, con la ayuda del equipo, podrían aprender a controlar su poder y utilizarlo para proteger a los demás en lugar de causar daño.

Hang finalmente aceptó unirse al equipo de Dimitric, viendo en ellos una oportunidad para redimirse y utilizar sus habilidades para un bien mayor. A medida que pasaba el tiempo, Hang comenzó a sentirse más a gusto en su papel como miembro del equipo, aprendiendo a controlar su poder y utilizarlo de manera responsable.

La amistad entre Dimitric y Hang creció, y juntos enfrentaron desafíos emocionantes y peligrosos. A través de la camaradería y el apoyo mutuo, Hang encontró un nuevo propósito en su vida y un sentido de pertenencia que nunca había experimentado antes.


domingo, 21 de julio de 2019

CAPITULO 1- Determinación

Ha pasado un tiempo desde la tragedia que envolvió a Dominic, y el dolor sigue latente en el corazón de Dimitric. Su residencia solitaria es un reflejo de su tormento interno. Las sombras de los muebles se alargan en la penumbra, proyectadas por la luz titilante del fuego en la chimenea. Dimitric toma una antigua fotografía de la repisa, donde el polvo apenas oculta los rostros sonrientes de sus padres. Con voz rota, susurra:

—Padres... Estoy solo... ¿Qué se supone que haga ahora?

Deja caer la fotografía y el peso de la desesperación lo aplasta, mientras el crepitar del fuego es el único testigo de su desolación. Su mirada se fija en el sable que descansa sobre la mesa. Con determinación renovada, se levanta, toma el sable en mano, y susurra:

—¿Qué estoy haciendo? Debería vengar la muerte de Dominic.

La decisión se enraíza en su corazón, más fuerte que la tristeza. Recuerda las palabras de su padre sobre un maestro en las colinas, alguien que podría enseñarle lo necesario para cumplir su venganza. Con esta nueva determinación, Dimitric sabe que el viaje será su única salida.

Después de días de viaje, finalmente llega a la casa del maestro. La pequeña cabaña de Kendrick-sensei se alza en lo alto de una colina, rodeada por árboles centenarios que parecen tocar el cielo. La vista de Paradise desde allí solo intensifica el peso de la misión de Dimitric.

—Kendrick-sensei, necesito su ayuda —dijo Dimitric, su voz cargada con el dolor que intenta ocultar—. Soy hijo de Kenshi Kimura y he venido para que me enseñe a blandir la espada. No es solo un deseo, es una necesidad. Mi hermano fue asesinado, y no puedo descansar hasta que haya hecho justicia.

Sin embargo, el sensei se niega, al percibir odio en el corazón de Dimitric. Le responde:

—Primero debes dejar de lado tu ira. Percibo un aura fuerte, pero no sabes diferenciar el bien del mal. Las espadas no tienen propósito en un combate real si solo se manejan con odio. Un guerrero solitario blandiendo una espada nunca logrará nada. Cuando dejes ese odio en tu corazón, te haré mi discípulo.

Dimitric, frustrado pero determinado, replica:

—Pero, sensei, a mi hermano lo asesinaron, y quiero encontrar al que lo hizo para hacerle lo mismo.

El sensei responde con calma:

—La venganza nunca te llevará a ningún lado.

Dimitric se disculpa:

—Lo siento, sensei.

El sensei observa a Dimitric detenidamente y, aunque ve el odio en su corazón, también percibe un destello de bondad y potencial. Finalmente le dice:

—Entra y guarda todas tus cosas en una habitación, luego dirígete al dojo y muéstrame lo que tienes.

Dimitric sigue las instrucciones, guarda sus pertenencias y se dirige al salón de entrenamiento. Kendrick-sensei le dice:

—Prepárate y ponte en posición de ataque.

Dimitric se coloca en la posición de ataque, y el sensei identifica rápidamente su punto débil. Le ordena que ataque, y Dimitric se lanza hacia él. Sin embargo, el sensei esquiva con facilidad y lo golpea con el mango del sable en la espalda.

—Te precipitas demasiado rápido, dándole a tu oponente la oportunidad de atacar —dice el sensei.

Mientras Dimitric se levanta, el sensei continúa:

—No te pareces a tu padre, sino más a tu madre, quien era un poco impulsiva. Tu padre, en cambio, era tranquilo y analítico. Él era un prodigio ante mis ojos. Debes enfocarte en tu objetivo, no apresurarte. Prepárate de nuevo y atácame.

Dimitric lo intenta otra vez, y el sensei lo detiene:

—Esta vez, continúa el mismo movimiento, pero con más fuerza.

Después de una hora de entrenamiento, el sensei detiene la práctica y dice:

—Basta por hoy. Un samurái comprende que el coraje es coraje. Vive la vida de manera plena, completa, maravillosa. El coraje trascendental no es ciego; es inteligente y fuerte. El samurái desarrolla el coraje y hace que su cuerpo lo sea, ejerciendo control sobre sí mismo y sustituyendo el miedo por el respeto y la preocupación.

Con estas palabras, el sensei se retira.

Temprano al día siguiente, Dimitric se despierta al escuchar ruidos provenientes detrás del dojo. Se dirige hacia allí y, al abrir la puerta un poco, se sorprende al ver al sensei entrenando. Observa cómo el sensei emite auras desde sus manos y se pregunta:

—¿Qué sensación tan extraña es esta?

El sensei derriba pilares de roca con facilidad, y Dimitric queda maravillado. Sin querer, se apoya en la puerta corrediza, que se abre, interrumpiendo el entrenamiento del sensei.

Dimitric, arrodillado en reverencia, se disculpa:

—Disculpe, Kendrick-sensei, no fue mi intención interrumpirle. Quedé fascinado con lo que acabo de presenciar. ¿Sería usted tan amable de enseñarme esa técnica?

El sensei responde con firmeza:

—No estás preparado para usar esa técnica. Aún te falta mucho por aprender. Además, no se la enseño a cualquiera. Este poder requiere control. Sin él, podría consumirte en una sed de sangre, llevándote a asesinar a cualquiera que se cruce en tu camino. Ahora, busca un sable del dojo para continuar el entrenamiento.

Dimitric sale en busca del sable. Al bajar los pequeños escalones, le pregunta al sensei:

—Kendrick-sensei, ¿usted le enseñó esta técnica a mi padre?

El sensei responde:

—No, él la aprendió por sí mismo. Una vez nos enfrentamos en un entrenamiento y ambos llegamos a un empate. Quedamos impresionados por las habilidades del otro y nos retiramos pacíficamente, satisfechos con la pequeña escaramuza que habíamos tenido.

Dimitric esboza una leve sonrisa, mezclando orgullo y melancolía.

—Gracias, sensei… Ahora entiendo por qué mi padre siempre hablaba de usted con tanto respeto. Siempre quise ser como él.

Kendrick observa con atención, como si pudiera ver más allá de sus palabras.

—Tu padre era un hombre excepcional, pero su grandeza no residía solo en su habilidad con la espada. Recuerda eso mientras entrenas. Hoy, te enseñaré algo que va más allá de la técnica. Prepárate para aprender sobre la verdadera defensa, la que nace desde dentro.

Kendrick asiente con aprobación y se dispone a comenzar el entrenamiento. Dimitric toma el sable con firmeza y se coloca en posición de combate, listo para recibir las instrucciones del sensei.

Durante las próximas horas, Kendrick le enseña a Dimitric técnicas básicas de defensa y ataque con el sable. Dimitric se esfuerza al máximo por aprender y mejorar, y el sensei lo corrige y guía en cada movimiento.

A medida que avanza el entrenamiento, Dimitric comienza a sentir una extraña energía en su interior, una sensación de poder que lo hace sentir más fuerte y ágil que nunca antes.

Intrigado, le pregunta al sensei sobre esta nueva sensación. Kendrick lo mira con seriedad, reflejando años de batalla y meditación.

—Lo que sientes es el ki, la energía vital que fluye en todos nosotros. Es poderosa, sí, pero también peligrosa. Puede convertirte en un guerrero invencible o destruirte desde dentro. Sin control, el ki no distingue entre amigo y enemigo. No es solo fuerza, Dimitric... es responsabilidad.

Dimitric asiente, comprendiendo la importancia de controlar su ki para no perder el control en combate.

El entrenamiento continúa durante el día, y Dimitric aprende valiosas lecciones sobre el arte de la espada y el manejo del ki.

Exhausto pero satisfecho, Dimitric regresa a su habitación para descansar y reflexionar sobre todo lo aprendido.

Dimitric se prepara para el siguiente entrenamiento, con su mente centrada en aprender todo lo posible. Kendrick le enseña movimientos básicos y corrige sus errores, alentándolo a mejorar en cada paso.

A medida que pasa el tiempo, Dimitric se siente más confiado y seguro en sus habilidades. Comprende el verdadero significado de la disciplina y la determinación que su padre había tenido.

Finalmente, después de meses de arduo entrenamiento, Kendrick se acerca a Dimitric y le dice:

—Has mostrado una gran mejora desde el primer día que llegaste. Tu padre estaría orgulloso de ti.

Dimitric se siente abrumado por las palabras del sensei y se da cuenta de cuánto había anhelado la aprobación y el orgullo de su padre. Ahora, sabe que puede encontrar esa satisfacción dentro de sí mismo, a través del esfuerzo y la dedicación.

Decide continuar el entrenamiento con Kendrick, determinado a honrar el legado de su padre y convertirse en un gran maestro de artes marciales, capaz de guiar a otros en el camino de la disciplina y la sabiduría.

Después de varias horas de entrenamiento, Dimitric se siente agotado pero satisfecho. Se postra ante el sensei y le agradece por la enseñanza y la paciencia.

Kendrick lo felicita y le recuerda que el camino del guerrero es difícil y requiere disciplina, perseverancia y coraje.

Dimitric asiente con determinación y le dice que está dispuesto a seguir entrenando para honrar a su padre y convertirse en un guerrero tan grande como él. Con una sonrisa, Kendrick le desea lo mejor en su camino y le asegura que su padre estaría orgulloso de él.

Dimitric se despide del sensei y sale del dojo, sabiendo que ha encontrado su propósito en la vida y está dispuesto a hacer lo que sea necesario para alcanzar su meta.

CAPITULO PILOTO historia Blood of fire

Hoy es viernes, y el frío invernal ha calado hasta los huesos de Paradise, una ciudad que parece sumida en un resplandor blanco gracias a la nieve. La delincuencia ha aumentado, y la vieja estación de policía del distrito norte está a tope con casos y horas extra. Dentro de esta estación, el teniente Dominic Kimura se sumerge en una montaña de informes y casos de asesinatos, mientras su vista se vuelve borrosa y cansada.

Dominic, sintiendo el peso de su agotamiento, suspira profundamente y mira la taza de té que se ha enfriado a su lado. A sus 25 años, piensa que aún es joven para estar tan cansado, pero una inquietud no lo abandona. Un sexto sentido, desarrollado por la experiencia, le dice que algo grave está por suceder. Sus manos empiezan a picar, y frotándoselas en un intento de calmarse, un estallido en la puerta de su oficina confirma sus temores.

Megan, la asistente del comandante, entra con una urgencia palpable. Aunque su rostro está marcado por el paso del tiempo y una cicatriz considerable, Dominic la respeta profundamente, pues la conoce desde el inicio de su carrera.

—¡El comandante te necesita urgentemente en su oficina! —dice Megan con una expresión de seriedad.

Dominic se pone la chaqueta, guarda un par de dulces en su bolsillo y se dirige a la oficina del comandante. Subiendo por los pisos hasta la quinta planta, donde se encuentra la oficina de Vincent, el comandante, Dominic toca la puerta y entra.

El comandante Vincent, un hombre calvo y de rostro serio con un prominente bigote, está sentado con su pipa calabash, un relicario de su legado familiar. Al ver a Dominic, su voz grave no deja lugar a dudas sobre la gravedad de la situación.

—Si tenías planes para este fin de semana, cancélalos. Vamos a comenzar con el pie izquierdo —dice Vincent mientras se levanta y le entrega a Dominic una carpeta negra, la cual indica casos extraños y sin solución.

Dominic siente un nudo en la garganta al ver la foto de una joven. Al mirar más de cerca, se da cuenta con horror que es Gian Carletti, la exnovia de su hermano Dimitric. La imagen muestra un cuerpo horriblemente mutilado, con la cabeza aún intacta.

Con la voz temblorosa, Dominic le dice al comandante que no puede tomar el caso, ya que iría en contra de las reglas de la institución. Sin embargo, el comandante se ríe y responde:

—Sabes que la única persona calificada para resolver este caso eres tú. Eres uno de mis mejores hombres.

Dominic no tiene más remedio que aceptar. Con el corazón amargado, decide llamar a su hermano Dimitric, a quien no ha visto ni hablado desde una acalorada discusión.

—Hola, Dimitric, soy yo, tu hermano… ESPERA NO CORTES. Necesito que nos juntemos en el bar de Larry. Tú sabes, donde venden esa deliciosa cerveza. Tengo algo urgente que discutir contigo.

—Está bien —responde Dimitric, cortando la llamada sin más.

Dominic sale de la jefatura y se dirige al parqueo, donde sube a su vehículo y arranca. Sin darse cuenta, es seguido por alguien. Aunque sospecha algo, decide no darle importancia, ya que sigue perturbado por la imagen de Gian Carletti.

Al caer la noche, Dominic llega al bar de Larry y ve a su hermano sentado en un banco. Se emociona al ver a Dimitric después de tanto tiempo y se acerca para abrazarlo.

—Hermano, te he echado de menos todos estos meses —dice Dominic mientras se sienta a su lado y pide la misma cerveza que Dimitric.

Dimitric, al ver la carpeta negra sobre la barra, pregunta qué contiene. Dominic le dice que no está seguro si Dimitric está preparado para lo que va a ver, pero finalmente le entrega la carpeta.

Al abrirla, Dimitric queda impactado. Se agarra la cabeza, perturbado por la imagen de Gian Carletti. Dominic le explica que aceptó el caso a pesar de la gravedad, no porque sospechara de Dimitric, sino porque el nombre escrito en la pared del crimen lo vinculaba al asesinato.

—Sé que no has sido tú el causante de tal atrocidad. Por eso quiero que me ayudes a limpiar tu nombre. Además, sería un poco estúpido grabar tu propio nombre luego de haber cometido el delito —dice Dominic.

—Te ayudaré —responde Dimitric, con una determinación renovada.

Dominic toma un trago de su cerveza y, con un suspiro, dice:

—Sabes, he deseado esto todo este tiempo, aunque no de esta manera. Te quiero mucho, hermano. Fue estúpido lo que hice. Te pido disculpas.

Dimitric sonríe y lo abraza.

—Hermano, me estás avergonzando delante de todas estas personas —dice Dominic con una sonrisa.

En medio del abrazo, el teléfono de Dominic suena. Es su compañero de la jefatura, llamándolo para informarle sobre una nueva escena del crimen. Dominic responde que llegará en 15 minutos y le pregunta a Dimitric si quiere acompañarlo. Dimitric acepta.

Ambos se levantan, toman el último trago de cerveza y se despiden del cantinero. Al salir del bar, el frío glacial de la noche los envuelve, pero Dominic sugiere que caminen hasta la escena del crimen, que no está lejos. Mientras cruzan un parque, las luces parpadeantes proyectan sombras inquietantes en la nieve endurecida.

—¿Te has dado cuenta de que está demasiado silencioso? —pregunta Dominic, tratando de sonar calmado.

Dimitric asiente, observando la neblina que empieza a espesar el sendero. De repente, un chasquido seco seguido de un disparo rompe el silencio. Dominic siente un dolor punzante en el pecho y cae de rodillas, la sangre tiñendo la nieve a sus pies. Dimitric, horrorizado, grita pidiendo ayuda mientras su hermano agoniza.

Un transeúnte que vio lo sucedido llama rápidamente a emergencias. La multitud se aglomera mientras llega la ambulancia. Dimitric se sube con su hermano herido, y los paramédicos hacen todo lo posible por mantenerlo con vida. Sin embargo, al llegar al hospital, es demasiado tarde. Dominic ha fallecido.

Capitulo 9: Promesa Cumplida

Continuando con la historia anterior, donde los heroes luchaban La batalla en la ciudad continuaba en un caos total. Redmaster, desde la gua...