domingo, 21 de julio de 2019

CAPITULO PILOTO historia Blood of fire

Hoy es viernes, y el frío invernal ha calado hasta los huesos de Paradise, una ciudad que parece sumida en un resplandor blanco gracias a la nieve. La delincuencia ha aumentado, y la vieja estación de policía del distrito norte está a tope con casos y horas extra. Dentro de esta estación, el teniente Dominic Kimura se sumerge en una montaña de informes y casos de asesinatos, mientras su vista se vuelve borrosa y cansada.

Dominic, sintiendo el peso de su agotamiento, suspira profundamente y mira la taza de té que se ha enfriado a su lado. A sus 25 años, piensa que aún es joven para estar tan cansado, pero una inquietud no lo abandona. Un sexto sentido, desarrollado por la experiencia, le dice que algo grave está por suceder. Sus manos empiezan a picar, y frotándoselas en un intento de calmarse, un estallido en la puerta de su oficina confirma sus temores.

Megan, la asistente del comandante, entra con una urgencia palpable. Aunque su rostro está marcado por el paso del tiempo y una cicatriz considerable, Dominic la respeta profundamente, pues la conoce desde el inicio de su carrera.

—¡El comandante te necesita urgentemente en su oficina! —dice Megan con una expresión de seriedad.

Dominic se pone la chaqueta, guarda un par de dulces en su bolsillo y se dirige a la oficina del comandante. Subiendo por los pisos hasta la quinta planta, donde se encuentra la oficina de Vincent, el comandante, Dominic toca la puerta y entra.

El comandante Vincent, un hombre calvo y de rostro serio con un prominente bigote, está sentado con su pipa calabash, un relicario de su legado familiar. Al ver a Dominic, su voz grave no deja lugar a dudas sobre la gravedad de la situación.

—Si tenías planes para este fin de semana, cancélalos. Vamos a comenzar con el pie izquierdo —dice Vincent mientras se levanta y le entrega a Dominic una carpeta negra, la cual indica casos extraños y sin solución.

Dominic siente un nudo en la garganta al ver la foto de una joven. Al mirar más de cerca, se da cuenta con horror que es Gian Carletti, la exnovia de su hermano Dimitric. La imagen muestra un cuerpo horriblemente mutilado, con la cabeza aún intacta.

Con la voz temblorosa, Dominic le dice al comandante que no puede tomar el caso, ya que iría en contra de las reglas de la institución. Sin embargo, el comandante se ríe y responde:

—Sabes que la única persona calificada para resolver este caso eres tú. Eres uno de mis mejores hombres.

Dominic no tiene más remedio que aceptar. Con el corazón amargado, decide llamar a su hermano Dimitric, a quien no ha visto ni hablado desde una acalorada discusión.

—Hola, Dimitric, soy yo, tu hermano… ESPERA NO CORTES. Necesito que nos juntemos en el bar de Larry. Tú sabes, donde venden esa deliciosa cerveza. Tengo algo urgente que discutir contigo.

—Está bien —responde Dimitric, cortando la llamada sin más.

Dominic sale de la jefatura y se dirige al parqueo, donde sube a su vehículo y arranca. Sin darse cuenta, es seguido por alguien. Aunque sospecha algo, decide no darle importancia, ya que sigue perturbado por la imagen de Gian Carletti.

Al caer la noche, Dominic llega al bar de Larry y ve a su hermano sentado en un banco. Se emociona al ver a Dimitric después de tanto tiempo y se acerca para abrazarlo.

—Hermano, te he echado de menos todos estos meses —dice Dominic mientras se sienta a su lado y pide la misma cerveza que Dimitric.

Dimitric, al ver la carpeta negra sobre la barra, pregunta qué contiene. Dominic le dice que no está seguro si Dimitric está preparado para lo que va a ver, pero finalmente le entrega la carpeta.

Al abrirla, Dimitric queda impactado. Se agarra la cabeza, perturbado por la imagen de Gian Carletti. Dominic le explica que aceptó el caso a pesar de la gravedad, no porque sospechara de Dimitric, sino porque el nombre escrito en la pared del crimen lo vinculaba al asesinato.

—Sé que no has sido tú el causante de tal atrocidad. Por eso quiero que me ayudes a limpiar tu nombre. Además, sería un poco estúpido grabar tu propio nombre luego de haber cometido el delito —dice Dominic.

—Te ayudaré —responde Dimitric, con una determinación renovada.

Dominic toma un trago de su cerveza y, con un suspiro, dice:

—Sabes, he deseado esto todo este tiempo, aunque no de esta manera. Te quiero mucho, hermano. Fue estúpido lo que hice. Te pido disculpas.

Dimitric sonríe y lo abraza.

—Hermano, me estás avergonzando delante de todas estas personas —dice Dominic con una sonrisa.

En medio del abrazo, el teléfono de Dominic suena. Es su compañero de la jefatura, llamándolo para informarle sobre una nueva escena del crimen. Dominic responde que llegará en 15 minutos y le pregunta a Dimitric si quiere acompañarlo. Dimitric acepta.

Ambos se levantan, toman el último trago de cerveza y se despiden del cantinero. Al salir del bar, el frío glacial de la noche los envuelve, pero Dominic sugiere que caminen hasta la escena del crimen, que no está lejos. Mientras cruzan un parque, las luces parpadeantes proyectan sombras inquietantes en la nieve endurecida.

—¿Te has dado cuenta de que está demasiado silencioso? —pregunta Dominic, tratando de sonar calmado.

Dimitric asiente, observando la neblina que empieza a espesar el sendero. De repente, un chasquido seco seguido de un disparo rompe el silencio. Dominic siente un dolor punzante en el pecho y cae de rodillas, la sangre tiñendo la nieve a sus pies. Dimitric, horrorizado, grita pidiendo ayuda mientras su hermano agoniza.

Un transeúnte que vio lo sucedido llama rápidamente a emergencias. La multitud se aglomera mientras llega la ambulancia. Dimitric se sube con su hermano herido, y los paramédicos hacen todo lo posible por mantenerlo con vida. Sin embargo, al llegar al hospital, es demasiado tarde. Dominic ha fallecido.

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