Continuando con la historia anterior, donde los heroes luchaban
La batalla en la ciudad continuaba en un caos total. Redmaster, desde la guarida, interrumpió la reunión con una urgencia.
—Perdón por interrumpir, pero recibo informes de un nuevo caos en la ciudad vecina.
El villano capturado en ese momento comenzó a reírse de forma siniestra.
—¡Pronto sufrirán las consecuencias! —exclamó con una sonrisa maliciosa.
Dimitric, furioso, lo agarró por el cuello y le exigió:
—¿Quién demonios te envió?
El villano, con una sonrisa enigmática, respondió:
—Lo sabrán a su debido tiempo.
De repente, el villano tomó el sable de Dimitric y, en un acto desesperado, se lo clavó en el pecho, suicidándose. La sorpresa y la furia inundaron a Dimitric y su equipo. Sin perder tiempo, se dirigieron al lugar del caos.
Al llegar, encontraron escombros por todas partes y ningún sobreviviente a la vista. Hang desapareció para buscar pistas en otras áreas. En ese momento, una explosión sacudió el lugar y Dominic gritó:
—¡Muchachos, cuidado!
Una gran multitud de centauros y hombres armados irrumpió en la escena. Dimitric, confundido y asombrado, decidió actuar. Corrió hacia los enemigos, ordenando a sus compañeros que lucharan. Con una agilidad impresionante, esquivó a los guerreros y, con movimientos rápidos y precisos, comenzó a derribar a sus atacantes.
Una turba de centauros lo rodeó, y uno de ellos le dijo con amenaza:
—¡Serás mi próxima cena!
Dimitric se zafó con esfuerzo y respondió con humor, a pesar de la gravedad de la situación:
—¡No creo tener buen sabor!
El centauro intentó atacar, pero Dimitric lo engañó con movimientos rápidos y le introdujo el sable en el abdomen.
—¡Hoy serás tú la comida de los pájaros!
Mientras Dimitric se limpiaba la sangre del rostro, notó que las otras criaturas se lanzaban sobre él. Con una sonrisa desafiante, se quedó parado, esperando. Finalmente, dio un salto y rompió las espadas de sus enemigos, pero fue alcanzado por una de ellas.
Dominic, al ver a su hermano en peligro, gritó:
—¡HERMANO!
Volando por los aires, Dominic llegó con gran poder y derribó a todos los enemigos alrededor de Dimitric. Lo llevó a un lugar seguro y, usando sus habilidades de sanación, colocó sus manos sobre la herida de Dimitric. La herida se curó completamente sin dejar cicatrices.
—¡Levántate! —ordenó Dominic.
Dimitric, agradecido pero urgente, respondió:
—Debemos volver para ayudar a los demás.
—Vamos, no perdamos tiempo —dijo Dominic.
Mientras tanto, Alisa luchaba con maleantes que peleaban junto a las criaturas y disparaban sin parar. Ella se cubría detrás de los escombros, tratando de encontrar una oportunidad. Finalmente, derribó a uno de los enemigos, pero las balas seguían lloviendo. Al darse cuenta de que se había quedado sin municiones, vio una caja de balas en el suelo junto a un cadáver de un agente policial. Sin embargo, no podía alcanzarla por la intensa lluvia de disparos.
Un villano se acercó sigilosamente, pero Alisa vio su reflejo en un charco de agua y lo atacó sorpresivamente. En ese instante, Hang apareció en su ayuda, manipulando las armas de los enemigos desde una distancia segura. Aprovechando la distracción, Alisa derribó a los enemigos desarmados.
Astrid, por su parte, fue rozada por una bala en el hombro. Con furia, disparó a un enemigo, atravesándole el cráneo con precisión mortal.
Dimitric y Dominic finalmente llegaron al lugar de la batalla y encontraron a los demás luchando con todas sus fuerzas. Dominic le dijo a su hermano:
—Vamos, no perdamos tiempo y acabemos con todo esto.
Con velocidad, Dimitric se dirigió hacia Emylee, que estaba agotada y cuya transformación de diosa estaba desvaneciéndose. Dimitric la encontró de rodillas, a punto de ser golpeada por un enemigo. Con rapidez, le atravesó el sable al atacante desde la espalda de Emylee.
—¿Te encuentras bien? —preguntó Dimitric.
—¡Sí! —respondió Emylee, y Dimitric la llevó a un lugar seguro para que se recuperara.
Dominic se enfrentó a varios enemigos y, con la ayuda de Hang y Alisa, lograron reducir el número de atacantes.
Entre la batalla, Dimitric vio una sombra en la azotea de un edificio. Le dijo a su hermano:
—¿Viste eso?
Informó a Hang para que investigara, y Hang se teletransportó a la azotea. No encontró a nadie, pero halló un pedazo de tela con una imagen de un fénix. Regresó al cuartel de mando con la evidencia.
Redmaster examinó la tela con interés, tratando de descifrar su significado.
En medio de la pelea, Astrid, al quedarse sin municiones, se encontró con un enemigo que la amenazaba con una M4.
—¡Llévame hacia tu líder o morirás aquí! —exigió el villano.
Emylee llegó de repente y, con un golpe certero, mató al villano de un solo golpe.
Hang volvió a la escena y ayudó a Alisa, mientras Dimitric y Dominic continuaban luchando juntos, reduciendo el número de enemigos.
Al final de la batalla, uno de los enemigos caídos se levantó y disparó hacia los héroes, hiriendo a Alisa en el brazo izquierdo. Dimitric, al ver lo que había sucedido, gritó el nombre de Alisa y, con furia, lanzó su sable al villano, clavándoselo en el pecho. El enemigo herido se desplomó, pero antes de desmayarse, lanzó una última amenaza:
—¡Pronto verán levantarse de sus cenizas a su peor pesadilla!
Dominic, al notar la frustración en el rostro de Dimitric, le dijo:
—Tarado, cambia esa cara. Otro día sabrás quién está detrás de todo esto. Ahora es hora de marcharse.
Astrid, curiosa, preguntó:
—¿Por qué te vas? ¿Qué clase de ángel eres?
Dominic miró a Dimitric y respondió:
—No puedo quedarme mucho tiempo. Soy un ángel de la justicia, y también su protector.
Dimitric levantó la mirada y preguntó:
—¿Por qué?
Dominic comenzó a recordar su niñez:
Recordó una tarde en el patio de su casa, jugando al fútbol con su padre. Dimitric tropezó y se lastimó, llorando. Mientras su madre respondía una llamada telefónica con expresión preocupada, le dijo a su padre:
—Debemos irnos. Tenemos el presentimiento de que nunca volveremos a ver a nuestros hijos.
Se volvió hacia Dominic y le dijo:
—Cuida de tu hermano pequeño.
Dominic, con una sonrisa, respondió:
—Los esperaremos, padres.
Cinco días después, un golpe en la puerta reveló a su abuelo. Dominic, con lágrimas en los ojos, lo vio y preguntó:
—¿Dónde está mi hermano?
El abuelo, abrazándolo, respondió:
—Tu hermano está dormido. Nuestros padres ahora nos cuidan desde el cielo.
Dominic, devastado, aceptó la realidad con lágrimas mientras Dimitric despertaba, feliz de ver a su abuelo. Preguntó con preocupación:
—¿Qué pasa, abuelo?
El abuelo también lo abrazó, consolándolo.
Durante el funeral, Dimitric y Dominic estaban junto a los ataúdes de sus padres. Dominic, con una promesa solemnemente pronunciada, dijo:
—Padre, madre, les prometo cuidar de mi hermanito. Nunca me separaré de él. Si muero, vendré del más allá para protegerlo.
Con estas palabras, abrazó a Dimitric con firmeza. Dimitric, conmovido, respondió:
—Nunca lo olvidaré, hermano.
Dominic le dijo:
—Siempre estaré para cuando me necesites. Solo tienes que decir mi nombre.
En ese momento, Dominic desapareció. Dimitric, con lágrimas en los ojos, dijo:
—Hasta luego, hermano.
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