Cuando Dominic murió, su conciencia se desvaneció en un vacío eterno, hasta que de repente, sus ojos se abrieron y se encontró en un lugar desconocido, lleno de nubes etéreas que se extendían hasta el horizonte. Miró a su alrededor, confundido, y se preguntó en voz alta:
—¿Dónde estoy...? ¿Estoy muerto?
Mientras la pregunta resonaba en el aire, escuchó una voz suave pero poderosa que lo llamaba desde algún lugar distante. Volteó en todas direcciones, pero no pudo ver a nadie. De repente, una figura apareció frente a él: una mujer de piel blanca como la nieve, con cabello largo y una mirada tan penetrante que parecía hipnotizarlo. Su presencia irradiaba una calma celestial.
Dominic, sin poder ocultar su asombro, le preguntó:
—¿Quién eres tú?
La mujer respondió con voz serena:
—No te he traído a este lugar para que hablemos. Mi nombre es Themis, Diosa de la Justicia. He observado a ti y a tu hermano durante mucho tiempo y he visto el gran interés que tienen en ayudar a los demás. Por eso, te he elegido para que sigas mi voluntad. Ven hacia mí, y te daré una fuerza acorde para enfrentar el mal que asola la tierra. Si lo logras, te convertirás en el ángel que guiará a todos los demás. ¿Estás de acuerdo con esta misión?
Dominic se quedó pensativo por un momento, sopesando la oferta. Finalmente, dijo:
—Sí, estoy de acuerdo con todo, pero con una condición.
Themis, intrigada, preguntó:
—¿Cuál es tu condición?
Dominic respondió con determinación:
—Que me permitas reunirme con mi hermano.
Themis, comprensiva y con un propósito propio en mente, aceptó:
—Ahora ven, acércate.
Dominic se acercó y sintió una cálida energía envolverlo cuando Themis colocó su mano en su cabeza. Mientras la sensación de calidez se extendía por su cuerpo, Dominic observó maravillado cómo sus alas empezaban a formarse. Mirando con sorpresa, exclamó:
—Oh rayos, pero ¿qué es esto? ¡Me han salido alas!
Themis sonrió y dijo:
—He terminado. Ahora, voltea y mira hacia atrás.
Dominic giró lentamente y quedó en shock al ver a sus padres acercándose. Con lágrimas en los ojos, sus padres lo abrazaron con ternura. Su padre, con una expresión de arrepentimiento, dijo:
—Discúlpame, hijo. Sé que han sufrido mucho por nuestra muerte.
Dominic respondió con emoción:
—Estoy tan feliz de verlos. Los amo demasiado.
Su madre, con voz suave, agregó:
—Nosotros también te amamos. No estaremos aquí por mucho tiempo, pero agradecemos a la diosa Themis por permitirnos ver a uno de nuestros hijos una última vez.
Su padre, con un tono de esperanza, añadió:
—Anda, ve y protege a tu hermano.
Dominic extendió sus alas con determinación y miró hacia abajo, hacia el mundo que lo esperaba. Dijo con firmeza:
—Gracias, madre y padre, por brindarme esta oportunidad. Estoy listo para acabar con el mal que se apodera de la tierra y proteger a mi hermano menor.
Themis, antes de que Dominic partiera, le dio una última instrucción:
—Te diré dos cosas: primero, tienes la habilidad de sanar heridas, pero solo podrás hacerlo con una persona. Segundo, entrégale este collar a una de mis descendientes que lucha junto a tu hermano. Este collar tiene un propósito especial que te explicaré ahora.
Dominic asintió con comprensión y se despidió de sus padres:
—Lo tengo entendido. Me voy.
Con un batir majestuoso de sus alas, Dominic descendió del reino celestial y se dirigió de nuevo a la tierra, preparado para cumplir su misión como el ángel justiciero.
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