domingo, 21 de julio de 2019

CAPITULO 1- Determinación

Ha pasado un tiempo desde la tragedia que envolvió a Dominic, y el dolor sigue latente en el corazón de Dimitric. Su residencia solitaria es un reflejo de su tormento interno. Las sombras de los muebles se alargan en la penumbra, proyectadas por la luz titilante del fuego en la chimenea. Dimitric toma una antigua fotografía de la repisa, donde el polvo apenas oculta los rostros sonrientes de sus padres. Con voz rota, susurra:

—Padres... Estoy solo... ¿Qué se supone que haga ahora?

Deja caer la fotografía y el peso de la desesperación lo aplasta, mientras el crepitar del fuego es el único testigo de su desolación. Su mirada se fija en el sable que descansa sobre la mesa. Con determinación renovada, se levanta, toma el sable en mano, y susurra:

—¿Qué estoy haciendo? Debería vengar la muerte de Dominic.

La decisión se enraíza en su corazón, más fuerte que la tristeza. Recuerda las palabras de su padre sobre un maestro en las colinas, alguien que podría enseñarle lo necesario para cumplir su venganza. Con esta nueva determinación, Dimitric sabe que el viaje será su única salida.

Después de días de viaje, finalmente llega a la casa del maestro. La pequeña cabaña de Kendrick-sensei se alza en lo alto de una colina, rodeada por árboles centenarios que parecen tocar el cielo. La vista de Paradise desde allí solo intensifica el peso de la misión de Dimitric.

—Kendrick-sensei, necesito su ayuda —dijo Dimitric, su voz cargada con el dolor que intenta ocultar—. Soy hijo de Kenshi Kimura y he venido para que me enseñe a blandir la espada. No es solo un deseo, es una necesidad. Mi hermano fue asesinado, y no puedo descansar hasta que haya hecho justicia.

Sin embargo, el sensei se niega, al percibir odio en el corazón de Dimitric. Le responde:

—Primero debes dejar de lado tu ira. Percibo un aura fuerte, pero no sabes diferenciar el bien del mal. Las espadas no tienen propósito en un combate real si solo se manejan con odio. Un guerrero solitario blandiendo una espada nunca logrará nada. Cuando dejes ese odio en tu corazón, te haré mi discípulo.

Dimitric, frustrado pero determinado, replica:

—Pero, sensei, a mi hermano lo asesinaron, y quiero encontrar al que lo hizo para hacerle lo mismo.

El sensei responde con calma:

—La venganza nunca te llevará a ningún lado.

Dimitric se disculpa:

—Lo siento, sensei.

El sensei observa a Dimitric detenidamente y, aunque ve el odio en su corazón, también percibe un destello de bondad y potencial. Finalmente le dice:

—Entra y guarda todas tus cosas en una habitación, luego dirígete al dojo y muéstrame lo que tienes.

Dimitric sigue las instrucciones, guarda sus pertenencias y se dirige al salón de entrenamiento. Kendrick-sensei le dice:

—Prepárate y ponte en posición de ataque.

Dimitric se coloca en la posición de ataque, y el sensei identifica rápidamente su punto débil. Le ordena que ataque, y Dimitric se lanza hacia él. Sin embargo, el sensei esquiva con facilidad y lo golpea con el mango del sable en la espalda.

—Te precipitas demasiado rápido, dándole a tu oponente la oportunidad de atacar —dice el sensei.

Mientras Dimitric se levanta, el sensei continúa:

—No te pareces a tu padre, sino más a tu madre, quien era un poco impulsiva. Tu padre, en cambio, era tranquilo y analítico. Él era un prodigio ante mis ojos. Debes enfocarte en tu objetivo, no apresurarte. Prepárate de nuevo y atácame.

Dimitric lo intenta otra vez, y el sensei lo detiene:

—Esta vez, continúa el mismo movimiento, pero con más fuerza.

Después de una hora de entrenamiento, el sensei detiene la práctica y dice:

—Basta por hoy. Un samurái comprende que el coraje es coraje. Vive la vida de manera plena, completa, maravillosa. El coraje trascendental no es ciego; es inteligente y fuerte. El samurái desarrolla el coraje y hace que su cuerpo lo sea, ejerciendo control sobre sí mismo y sustituyendo el miedo por el respeto y la preocupación.

Con estas palabras, el sensei se retira.

Temprano al día siguiente, Dimitric se despierta al escuchar ruidos provenientes detrás del dojo. Se dirige hacia allí y, al abrir la puerta un poco, se sorprende al ver al sensei entrenando. Observa cómo el sensei emite auras desde sus manos y se pregunta:

—¿Qué sensación tan extraña es esta?

El sensei derriba pilares de roca con facilidad, y Dimitric queda maravillado. Sin querer, se apoya en la puerta corrediza, que se abre, interrumpiendo el entrenamiento del sensei.

Dimitric, arrodillado en reverencia, se disculpa:

—Disculpe, Kendrick-sensei, no fue mi intención interrumpirle. Quedé fascinado con lo que acabo de presenciar. ¿Sería usted tan amable de enseñarme esa técnica?

El sensei responde con firmeza:

—No estás preparado para usar esa técnica. Aún te falta mucho por aprender. Además, no se la enseño a cualquiera. Este poder requiere control. Sin él, podría consumirte en una sed de sangre, llevándote a asesinar a cualquiera que se cruce en tu camino. Ahora, busca un sable del dojo para continuar el entrenamiento.

Dimitric sale en busca del sable. Al bajar los pequeños escalones, le pregunta al sensei:

—Kendrick-sensei, ¿usted le enseñó esta técnica a mi padre?

El sensei responde:

—No, él la aprendió por sí mismo. Una vez nos enfrentamos en un entrenamiento y ambos llegamos a un empate. Quedamos impresionados por las habilidades del otro y nos retiramos pacíficamente, satisfechos con la pequeña escaramuza que habíamos tenido.

Dimitric esboza una leve sonrisa, mezclando orgullo y melancolía.

—Gracias, sensei… Ahora entiendo por qué mi padre siempre hablaba de usted con tanto respeto. Siempre quise ser como él.

Kendrick observa con atención, como si pudiera ver más allá de sus palabras.

—Tu padre era un hombre excepcional, pero su grandeza no residía solo en su habilidad con la espada. Recuerda eso mientras entrenas. Hoy, te enseñaré algo que va más allá de la técnica. Prepárate para aprender sobre la verdadera defensa, la que nace desde dentro.

Kendrick asiente con aprobación y se dispone a comenzar el entrenamiento. Dimitric toma el sable con firmeza y se coloca en posición de combate, listo para recibir las instrucciones del sensei.

Durante las próximas horas, Kendrick le enseña a Dimitric técnicas básicas de defensa y ataque con el sable. Dimitric se esfuerza al máximo por aprender y mejorar, y el sensei lo corrige y guía en cada movimiento.

A medida que avanza el entrenamiento, Dimitric comienza a sentir una extraña energía en su interior, una sensación de poder que lo hace sentir más fuerte y ágil que nunca antes.

Intrigado, le pregunta al sensei sobre esta nueva sensación. Kendrick lo mira con seriedad, reflejando años de batalla y meditación.

—Lo que sientes es el ki, la energía vital que fluye en todos nosotros. Es poderosa, sí, pero también peligrosa. Puede convertirte en un guerrero invencible o destruirte desde dentro. Sin control, el ki no distingue entre amigo y enemigo. No es solo fuerza, Dimitric... es responsabilidad.

Dimitric asiente, comprendiendo la importancia de controlar su ki para no perder el control en combate.

El entrenamiento continúa durante el día, y Dimitric aprende valiosas lecciones sobre el arte de la espada y el manejo del ki.

Exhausto pero satisfecho, Dimitric regresa a su habitación para descansar y reflexionar sobre todo lo aprendido.

Dimitric se prepara para el siguiente entrenamiento, con su mente centrada en aprender todo lo posible. Kendrick le enseña movimientos básicos y corrige sus errores, alentándolo a mejorar en cada paso.

A medida que pasa el tiempo, Dimitric se siente más confiado y seguro en sus habilidades. Comprende el verdadero significado de la disciplina y la determinación que su padre había tenido.

Finalmente, después de meses de arduo entrenamiento, Kendrick se acerca a Dimitric y le dice:

—Has mostrado una gran mejora desde el primer día que llegaste. Tu padre estaría orgulloso de ti.

Dimitric se siente abrumado por las palabras del sensei y se da cuenta de cuánto había anhelado la aprobación y el orgullo de su padre. Ahora, sabe que puede encontrar esa satisfacción dentro de sí mismo, a través del esfuerzo y la dedicación.

Decide continuar el entrenamiento con Kendrick, determinado a honrar el legado de su padre y convertirse en un gran maestro de artes marciales, capaz de guiar a otros en el camino de la disciplina y la sabiduría.

Después de varias horas de entrenamiento, Dimitric se siente agotado pero satisfecho. Se postra ante el sensei y le agradece por la enseñanza y la paciencia.

Kendrick lo felicita y le recuerda que el camino del guerrero es difícil y requiere disciplina, perseverancia y coraje.

Dimitric asiente con determinación y le dice que está dispuesto a seguir entrenando para honrar a su padre y convertirse en un guerrero tan grande como él. Con una sonrisa, Kendrick le desea lo mejor en su camino y le asegura que su padre estaría orgulloso de él.

Dimitric se despide del sensei y sale del dojo, sabiendo que ha encontrado su propósito en la vida y está dispuesto a hacer lo que sea necesario para alcanzar su meta.

CAPITULO PILOTO historia Blood of fire

Hoy es viernes, y el frío invernal ha calado hasta los huesos de Paradise, una ciudad que parece sumida en un resplandor blanco gracias a la nieve. La delincuencia ha aumentado, y la vieja estación de policía del distrito norte está a tope con casos y horas extra. Dentro de esta estación, el teniente Dominic Kimura se sumerge en una montaña de informes y casos de asesinatos, mientras su vista se vuelve borrosa y cansada.

Dominic, sintiendo el peso de su agotamiento, suspira profundamente y mira la taza de té que se ha enfriado a su lado. A sus 25 años, piensa que aún es joven para estar tan cansado, pero una inquietud no lo abandona. Un sexto sentido, desarrollado por la experiencia, le dice que algo grave está por suceder. Sus manos empiezan a picar, y frotándoselas en un intento de calmarse, un estallido en la puerta de su oficina confirma sus temores.

Megan, la asistente del comandante, entra con una urgencia palpable. Aunque su rostro está marcado por el paso del tiempo y una cicatriz considerable, Dominic la respeta profundamente, pues la conoce desde el inicio de su carrera.

—¡El comandante te necesita urgentemente en su oficina! —dice Megan con una expresión de seriedad.

Dominic se pone la chaqueta, guarda un par de dulces en su bolsillo y se dirige a la oficina del comandante. Subiendo por los pisos hasta la quinta planta, donde se encuentra la oficina de Vincent, el comandante, Dominic toca la puerta y entra.

El comandante Vincent, un hombre calvo y de rostro serio con un prominente bigote, está sentado con su pipa calabash, un relicario de su legado familiar. Al ver a Dominic, su voz grave no deja lugar a dudas sobre la gravedad de la situación.

—Si tenías planes para este fin de semana, cancélalos. Vamos a comenzar con el pie izquierdo —dice Vincent mientras se levanta y le entrega a Dominic una carpeta negra, la cual indica casos extraños y sin solución.

Dominic siente un nudo en la garganta al ver la foto de una joven. Al mirar más de cerca, se da cuenta con horror que es Gian Carletti, la exnovia de su hermano Dimitric. La imagen muestra un cuerpo horriblemente mutilado, con la cabeza aún intacta.

Con la voz temblorosa, Dominic le dice al comandante que no puede tomar el caso, ya que iría en contra de las reglas de la institución. Sin embargo, el comandante se ríe y responde:

—Sabes que la única persona calificada para resolver este caso eres tú. Eres uno de mis mejores hombres.

Dominic no tiene más remedio que aceptar. Con el corazón amargado, decide llamar a su hermano Dimitric, a quien no ha visto ni hablado desde una acalorada discusión.

—Hola, Dimitric, soy yo, tu hermano… ESPERA NO CORTES. Necesito que nos juntemos en el bar de Larry. Tú sabes, donde venden esa deliciosa cerveza. Tengo algo urgente que discutir contigo.

—Está bien —responde Dimitric, cortando la llamada sin más.

Dominic sale de la jefatura y se dirige al parqueo, donde sube a su vehículo y arranca. Sin darse cuenta, es seguido por alguien. Aunque sospecha algo, decide no darle importancia, ya que sigue perturbado por la imagen de Gian Carletti.

Al caer la noche, Dominic llega al bar de Larry y ve a su hermano sentado en un banco. Se emociona al ver a Dimitric después de tanto tiempo y se acerca para abrazarlo.

—Hermano, te he echado de menos todos estos meses —dice Dominic mientras se sienta a su lado y pide la misma cerveza que Dimitric.

Dimitric, al ver la carpeta negra sobre la barra, pregunta qué contiene. Dominic le dice que no está seguro si Dimitric está preparado para lo que va a ver, pero finalmente le entrega la carpeta.

Al abrirla, Dimitric queda impactado. Se agarra la cabeza, perturbado por la imagen de Gian Carletti. Dominic le explica que aceptó el caso a pesar de la gravedad, no porque sospechara de Dimitric, sino porque el nombre escrito en la pared del crimen lo vinculaba al asesinato.

—Sé que no has sido tú el causante de tal atrocidad. Por eso quiero que me ayudes a limpiar tu nombre. Además, sería un poco estúpido grabar tu propio nombre luego de haber cometido el delito —dice Dominic.

—Te ayudaré —responde Dimitric, con una determinación renovada.

Dominic toma un trago de su cerveza y, con un suspiro, dice:

—Sabes, he deseado esto todo este tiempo, aunque no de esta manera. Te quiero mucho, hermano. Fue estúpido lo que hice. Te pido disculpas.

Dimitric sonríe y lo abraza.

—Hermano, me estás avergonzando delante de todas estas personas —dice Dominic con una sonrisa.

En medio del abrazo, el teléfono de Dominic suena. Es su compañero de la jefatura, llamándolo para informarle sobre una nueva escena del crimen. Dominic responde que llegará en 15 minutos y le pregunta a Dimitric si quiere acompañarlo. Dimitric acepta.

Ambos se levantan, toman el último trago de cerveza y se despiden del cantinero. Al salir del bar, el frío glacial de la noche los envuelve, pero Dominic sugiere que caminen hasta la escena del crimen, que no está lejos. Mientras cruzan un parque, las luces parpadeantes proyectan sombras inquietantes en la nieve endurecida.

—¿Te has dado cuenta de que está demasiado silencioso? —pregunta Dominic, tratando de sonar calmado.

Dimitric asiente, observando la neblina que empieza a espesar el sendero. De repente, un chasquido seco seguido de un disparo rompe el silencio. Dominic siente un dolor punzante en el pecho y cae de rodillas, la sangre tiñendo la nieve a sus pies. Dimitric, horrorizado, grita pidiendo ayuda mientras su hermano agoniza.

Un transeúnte que vio lo sucedido llama rápidamente a emergencias. La multitud se aglomera mientras llega la ambulancia. Dimitric se sube con su hermano herido, y los paramédicos hacen todo lo posible por mantenerlo con vida. Sin embargo, al llegar al hospital, es demasiado tarde. Dominic ha fallecido.

Capitulo 9: Promesa Cumplida

Continuando con la historia anterior, donde los heroes luchaban La batalla en la ciudad continuaba en un caos total. Redmaster, desde la gua...